Manifiesto #EducaciónNoSinArtes

Ministerio de Educación y Formación Profesional del Gobierno de España

LOMLOE, ¿un futuro sin arte?

Por una Ley Educativa que valore la educación artística

Imagen: ´Fragmento de la obra Decir, de Lola Álvarez (2018), acrílico sobre tela.

Manifiesto presentado en febrero de 2020, dirigido al Ministerio de Educación y Formación Profesional del Gobierno de España, en nombre de 160 docentes del área de Didáctica de la Expresión Plástica y Visual de 43 universidades españolas. Este manifiesto se puede respaldar haciendo link en este enlace. Durante el mes de junio, la nueva ley eductiva está en proceso de trámite parlamentario.

El proyecto de Ley de la LOMLOE, que acabamos de conocer, incluye entre sus principales acciones recuperar el espíritu de la LOE, la educación en valores, que celebramos. La educación de nuestras niñas y niños, de nuestros adolescentes, debe incluir una educación ética y responsable que les dote de instrumentos críticos: primero, para discernir y analizar; y luego, para proponer discursos nuevos y alternativos hacia el bienestar social y la vida en común. Como señalaba la filósofa Hannah Arendt, debemos preservar lo nuevo que cada generación trae consigo, pues esa novedad puede ser la promesa de un mundo mejor.

¿Por qué es necesaria la educación artística en la escuela? Porque la utilización competente de los lenguajes visuales y audiovisuales no se produce de manera natural. El pensamiento crítico o el control en la creación de productos culturales no se produce espontáneamente por el mero crecimiento psicológico o físico, sino a través de procesos de enseñanza. La comprensión de lo simbólico y lo estético exige el aprendizaje de la cultura y precisa de la enseñanza a través de experiencias específicas organizadas, eficaces y contrastadas. La escuela es el único modo que tenemos de evitar que cada ser humano comience desde cero en su desarrollo social. La enseñanza de las artes en la escuela es necesaria porque, si se les enseña, todas las personas pueden aprender a utilizar los lenguajes visuales y a crear imágenes inteligentes, seductoras, bellas, críticas, personales.

Vivimos un mundo de imágenes, desde las marquesinas que nos interpelan en las paradas de autobús, las series interminables que mantienen nuestra mirada fija en nuestras pantallas de bolsillo, hasta las imágenes que producimos –hoy más que nunca somos productores diarios de imágenes-, que nos hacen sonreír en muchos casos y en otros, nos dañan irreversiblemente de forma irreparable. Por ello, hoy la educación debe ser consciente de la urgente necesidad de alfabetización visual en una cultura fundamentalmente icónica que se niegue a jerarquizar, también visualmente, por géneros, procedencias y clases sociales. Una cultura visual que distinga mensajes veraces de bulos.  Mirar, como leer, requiere de un largo aprendizaje. Los estereotipos visuales y audiovisuales, los trampantojos que nos rodean, sólo pueden ser rebatidos con una mirada crítica y responsable que únicamente se construye a través de una sólida educación estética, visual y audiovisual.

Antes de leer, apenas nacen, los niños y las niñas observan y tocan su alrededor. Conocen a través de la mirada, las manos, la sensación; aprenden a reconocerse a la vez que van conociendo el mundo. Son con los otros y el mundo. Una línea fortuita abre el lenguaje de la imagen, y desde los dos años será su vehículo de organización sensorial y psíquica. A través del dibujo, de la mirada atenta -base de la investigación-, estructuran y reconocen, hacen suyos conceptos y emociones: se comunican y se reconocen, sienten. A través del ritmo, el canto, la danza, la dramatización ponen su cuerpo en el espacio que recorren e inauguran un espacio de juego simbólico que más adelante se convertirá en el espacio cultural que los relaciona con los otros. Las pinturas rupestres no fueron fruto de un rato de ocio: fueron la consecuencia de aprehender aquello que a veces les sobrepasaba y de la necesidad de estructurar lo inatrapable, al igual que las niñas y niños de cuatro años tratan de comprender lo que les rodea a través de sus dibujos. Luego viene la alfabetización, la escritura y la lectura, pero no sustituye nuestra comunicación a través de las imágenes, el tacto y el movimiento de nuestros cuerpos. Actualmente cualquier niño o niña comienza a utilizar imágenes mucho antes que palabras.

El arte es uno de los pilares fundamentales de nuestras sociedades. Y todos debemos ser capaces de disfrutarlo y debemos ser muchos más quienes seamos sus creadores. Hace ya casi 60 años, el psicólogo Bruno Bettelheim señalaba que el arte, en un proceso dialéctico único –porque refiere a las experiencias personales más profundas hechas universales a través de un esfuerzo disciplinado- puede considerarse como una de las fuerzas más importantes que unen a las personas sin vaciarlas de lo único e individual que cada una posee: “(el arte) les permite compartir con otros aquello que todos consideran más elevado, algo que les eleva por encima de la experiencia cotidiana hacia una visión más ampliada de sí mismos. Y lo consigue haciendo que se sientan, más que nunca, distintivos y únicos”. La función del arte en la educación obligatoria sigue siendo esencial: “En todas las otras clases de su educación, los alumnos son impelidos a negar el caos, reprimirlo, considerarlo no válido y no importante. Sólo en las clases de arte podemos mostrar al niño, del cual se espera que tome y aprenda lo que los demás le dicen que haga, que puede convertirse en una persona libre trabajando y expresando su visión de sí mismo y de la vida” (1964, pp. 59)

En 1993, los tres ministerios franceses de Educación, Cultura y Juventud y Deportes firmaron un protocolo de apoyo a la educación artística reafirmando su carácter “fundamental para la formación general” de los individuos y poniendo en marcha varios proyectos piloto de cooperación entre los tres ministerios y las autoridades locales, que hoy llegan a cerca de cien ciudades. De igual manera, la Conferencia Permanente de Ministros de Educación de Alemania ha remarcado en multitud de ocasiones el valor de la educación artística en la formación y el desarrollo humanos.

En 2005, el Informe sobre la situación de la educación de las artes visuales y la formación inicial de sus docentes. Propuestas para su reforma[1], elaborado por el grupo de trabajo del área de Didáctica de la Expresión Plástica, encargado por el Ministerio de Educación y Ciencia de nuestro Estado, fundamentaba de modo claro y rotundo la necesidad del arte y los procesos creadores en la educación, refiriéndose al valor que la imaginación, el sentido de la estética y la facultad de comunicar tienen, en la tarea de “aprender a ser”, uno de los cuatro pilares de la nueva educación y tema dominante del Informe Edgar Faure, publicado en 1972 bajo el auspicio de la UNESCO[2]. El mismo director general de la UNESCO en su 30ª Conferencia General de 1999 lanzó un llamamiento internacional para promover la Educación en las Artes y la creatividad en la escuela para la construcción de una cultura de la paz, siempre con el objeto de reforzar el papel de la educación artística en la educación general y en la formación del profesorado. Y en la hoja de ruta para la Educación Artística, publicada en 2006, la UNESCO señalaba que, para garantizar el cumplimiento del derecho humano a la educación y la participación en la cultura, la educación artística se erige como un derecho universal para todos los educandos comprendidas las personas que suelen quedar excluidas de la educación, como por ejemplo los inmigrantes, las minorías culturales y las personas discapacitadas. Estas ideas se encuentran reflejadas en los derechos humanos y los derechos del niño. Y señala claramente que “dado que proporcionar a todas las personas las mismas oportunidades para desarrollar su actividad cultural y artística constituye un objetivo primordial, la educación artística debe convertirse en una parte obligatoria de los programas educativos”[3].

En una carta enviada recientemente al Ministerio, el Consejo General de los Colegios de doctores y licenciados en Bellas Artes y profesores de dibujo de España, recordaba las aportaciones recientes de la investigación en la neurociencia cuando estudia la educación, y que considera entre los  ejes fundamentales, el artístico-visual, la relación entre la educación artística y los mejores resultados académicos, su papel en una educación crítica y reflexiva y su idoneidad para la adquisición de  pensamiento abstracto.

En noviembre de 2019, la Organización Mundial de la Salud publicaba un informe sobre los beneficios del arte en la salud y el bienestar[4]. En sus ciento cincuenta páginas señalaba cómo las artes pueden apoyar el desarrollo de niños y niñas, fomentar los comportamientos que promueven la salud y contribuir al cuidado. Reconoce las características interculturales del arte y dentro de sus componentes fundamentales señala aspectos tan fundamentales para el desarrollo humano como el compromiso estético, la participación de la imaginación, la activación sensorial, la evocación de la emoción, la estimulación cognitiva o la interacción social. Y, entre sus beneficios, los  psicológicos (el aumento de la autoestima, de afrontamiento y regulación emocional, tan necesario en procesos de bullying); fisiológicos (menor respuesta de la hormona del estrés, la función inmune mejorada y una mayor reactividad cardiovascular); sociales (reducción de la soledad y el aislamiento, un mayor apoyo social); o comportamentales (conciencia y regulación corporal, fortalecimiento de una personalidad creativa, adopción de comportamientos más vinculares, desarrollo de habilidades).

La educación artística es imprescindible para la formación de nuestros futuros y futuras profesionales. Detrás de los éxitos de firmas tecnológicas está una sensibilidad estética que supo adaptar la tecnología a una mirada humana y a un tacto que se había olvidado. Detrás de los grandes avances audiovisuales está una visión atenta –que sólo se desarrolla ejercitando la percepción desde la más temprana edad- a una sensibilidad humana y global. Las industrias culturales, el cine español, la arquitectura, el diseño, la moda, las artes de nuestro país, necesitan de una educación artística y estética que nos enseñe a mirar, saber ver, crear.

Pero vamos mucho más allá. La educación visual, audiovisual y estética es necesaria para ejercer muchas otras prácticas, oficios, profesiones -quizás sin tanto glamour como la moda, el diseño, la arquitectura o los medios de comunicación- pero necesarias para la vida en común. La peluquería -que no deja de ser un resultado escultórico-, la jardinería, la cocina, el escaparatismo, la ilustración y edición de libros y digital, la carpintería, la costura y otras artesanías textiles, y tantas otras actividades necesitan de una buena base visual-estética-artística aprendida tempranamente. Cualquier carrera profesional o académica necesita de rudimentos estéticos y visuales: realizar presentaciones, comunicaciones, vídeos, webs y fotos forman parte hoy del desarrollo actual de la actividad profesional. Un buen comunicador necesita del lenguaje visual, corporal, teatral, del dibujo y de la imagen. En unas décadas los únicos trabajos que tendremos que hacer los humanos -porque el resto lo harán máquinas- serán aquellos que precisen de creatividad, intuición, empatía y humanidad. Desposeer a nuestros jóvenes ciudadanos y ciudadanas de estas capacidades es condenarlos no sólo al consumo de productos ajenos sino desposeerlos que lo que nos hace más humanos.  

El patrimonio, su apreciación, necesita de miradas sensibles y responsables. Nuestro Estado es hoy uno de los más visitados precisamente por la riqueza cultural que contiene. Más allá de su necesidad de preservarlo, contribuyamos a ayudar a que las personas desarrollen su capacidad y deseo de renovarlo, reinterpretarlo y ampliarlo. Necesitamos trabajadores/as cualificados para sacar adecuado rendimiento a nuestro ingente patrimonio artístico, que se aprende a valorar a través de la educación artística, que desarrolla la competencia más olvidada pero tan necesaria en nuestro Estado: la competencia cultural. Un Estado que se enorgullece y enriquece su PIB por ser la cuna de artistas no puede desatender el derecho de sus ciudadanos y ciudadanas a formarse en el acceso a la creación y la cultura. 

El desarrollo de ciudades agradables, habitables y sostenibles necesita de numerosos arquitectos e ingenieros. El desarrollo de la capacidad de visión espacial, el dominio del dibujo y el desarrollo del sentido de la estética es clave para estas profesiones. Como los idiomas, es necesario aprenderlo y cultivarlo desde edades tempranas. Si queremos ciudades habitables y cuidadoras, enseñemos a nuestros niños, niñas y adolescentes  a apreciarlas. 

Los museos están realizando hoy un gran esfuerzo para ser espacios sociales y educativos donde la cultura, construida entre todos, va interpretándose y reinterpretándose por cada generación, que modifica o se enfrenta al canon. Si queremos convertir a los museos en espacios abiertos, inclusivos, generadores de culturas en la diversidad, debemos educar a nuestros niños, niñas y adolescentes en una percepción crítica e inteligente que les permita interpelar su propia cultura e inaugurar una más inclusiva. Eso es democracia cultural. Lo contrario es, como señalaba Paulo Freire, colonización de las conciencias. 

Los y las artistas son seres que piensan, sienten y observan a un tiempo, sin dejar de ejercer estas actividades con intensidad. No les basta experimentar la belleza, el amor o el odio, la separación o la pérdida, deben pensar sobre sus emociones, sentir lo que piensan; deben de corporeizarlo, además, en algo cuando menos bidimensional, convirtiendo esta experiencia cognitiva, perceptiva y emocional en cultura. La ley educativa debe animar a que sus nuevos ciudadanos, ciudadanas, desde los tres a los dieciséis años, puedan pensar también en “una visión ampliada de sí mismos”.

John Dewey señalaba hace más de ochenta años que, “dado que el arte es la forma más universal del lenguaje; dado que está constituido por cualidades comunes a todos los seres humanos, el arte es la forma de comunicación más libre y universal (Dewey, 1934: 327). Si esta nueva Ley de Educación tiene como objetivo una sociedad con menos desigualdades, debe potenciar las artes para todos desde el primer día, especialmente en contextos obligatorios y gratuitos, y no limitar las artes y su educación a las familias privilegiadas. Privar del derecho a la educación visual, audiovisual y artística y el acceso a la cultura es un gran error democrático.

Señora Celaá, señor Sánchez, señora Calvo, señor Iglesias y resto del equipo de Gobierno: no desaprovechen esta oportunidad, nuevamente. Los Estados con mejores resultados en PISA son aquellos que más horas dedican a la Educación Artística, porque lejos que favorecer la instrucción memorística, enseñan a sus niños a imaginar futuros posibles, y les dan las herramientas para lograrlo. Consideramos necesaria una mayor presencia de la educación artística en la enseñanza reglada, en todos los niveles educativos. Nos tienen a su disposición para conseguir una ley educativa plena, integral y responsable con las nuevas generaciones. De la sensibilidad de estas generaciones depende hoy el futuro de nuestro país.

Madrid, 26 de febrero de 2020

Profesorado del Área de Didáctica de la Expresión Plástica/Educación Artística y Visual de las universidades del Estado español.

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[1] Grupo de trabajo del área de didáctica de la expresión plástica (2005) Informe sobre la situación de la educación de las artes visuales y la formación inicial de sus docentes. Propuestas para su reforma. Ministerio de educación y ciencia.

[2] “La Educación encierra un Tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI”, emitido por varios comisionados, presididos por el Presidente de la Comisión Europea Jacques Delors.

[3] Hoja de Ruta para la Educación Artística construir capacidades creativas para el siglo XXI. Conferencia Mundial sobre la Educación Artística: construir capacidades creativas para el siglo XXI Lisboa, 6-9 de marzo de 2006, Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura  

[4] Daisy Fancourt | Saoirse Finn “What is the evidence on the role of the arts in improving health and well-being? A scoping review” World Health Organization, 2019.

Súmate y firma esta manifiesto en este enlace #educaciónnosinartes

Consulta aquí el proyecto de la nueva ley educativa LOMLOE

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